La larga espera de Abraham: Una historia de las promesas de Dios cumplidas

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La promesa hecha a Abraham

La larga espera de Abraham: una historia de las promesas de Dios cumplidas comienza con el momento en que Dios llamó a Abram. En aquel entonces, Abram vivía en Harán con su familia. Dios le habló, diciéndole que dejara su país, a su gente y la casa de su padre, y que fuera a una tierra que Él le mostraría. Abram obedeció y viajó a Canaán, la tierra prometida por Dios.

Dios hizo un pacto con Abram. Le prometió convertirlo en una gran nación, bendecirlo, engrandecer su nombre y que, a través de él, todas las familias de la tierra serían bendecidas. A pesar de la avanzada edad de Abram y de su esposa Sarai, Dios le aseguró que sus descendientes serían tan numerosos como las estrellas del firmamento.

Así comenzó la larga espera de Abraham: una historia de promesas divinas cumplidas que se extendería durante muchos años.

Los años de espera y el nacimiento de Ismael

Pasó el tiempo, y Abram y Sarai no tenían hijos. Sarai era estéril, y ambos eran ancianos. Durante esta larga espera, Sarai le sugirió a Abram que tuviera un hijo con su sierva, Agar. Abram aceptó, y Agar dio a luz a un hijo llamado Ismael. Incluso con el nacimiento de Ismael, Dios reafirmó su promesa de que Abram sería padre de muchas naciones y que el pacto se establecería mediante un hijo nacido de la propia Sarai.

Durante todos estos años, Abraham siguió viviendo en la tierra de Canaán. Construyó altares e invocó el nombre del Señor. La larga espera continuó, pero las promesas de Dios permanecieron firmes. La larga espera de Abraham, una historia de promesas divinas cumplidas, seguía desarrollándose, con señales y pruebas a lo largo del camino.

El Pacto de la Circuncisión y el Cambio de Nombre

Cuando Abraham tenía noventa y nueve años, Dios se le apareció de nuevo. Dios cambió el nombre de Abram a Abraham, que significa “padre de muchas naciones”. El nombre de Sarai fue cambiado a Sara, que significa “princesa”. Dios prometió que Sara daría a luz un hijo, y su pacto se establecería a través de este niño.

Dios le ordenó a Abraham que circuncidara a todos los varones de su casa como señal del pacto. Abraham obedeció, circuncidándose a sí mismo, a su hijo Ismael y a todos los varones de su casa ese mismo día. Este acto marcó una nueva etapa en la larga espera de Abraham: una historia de promesas divinas cumplidas que se acercaba a su plenitud.

El anuncio divino del nacimiento de Isaac

Dios visitó a Abraham de nuevo en forma de tres hombres. Abraham los recibió bajo las encinas de Mamre, les preparó una comida y se la sirvió. Uno de los visitantes le dijo a Sara: “Sin duda volveré a verte por estas fechas el año que viene, y Sara, tu esposa, tendrá un hijo”. Sara, que escuchaba cerca, rió para sí misma en silencio, pues ya había pasado la edad de dar a luz.

Cuando Abraham interrogó al visitante, este le dijo: “¿Hay algo imposible para el Señor? El año que viene, por estas fechas, volveré a verte en el tiempo señalado, y Sara tendrá un hijo”. Esta promesa reveló el cumplimiento final que le esperaba a Abraham durante su larga espera.

El nacimiento de Isaac

Al año siguiente, tal como Dios le había prometido, Sara concibió y dio a luz un hijo a Abraham. Lo llamaron Isaac, que significa “el que ríe”, en alusión a la risa que Sara había sentido ante la promesa de Dios. El nacimiento de Isaac fue un momento de gran alegría en la larga espera de Abraham: una historia de las promesas de Dios cumplidas.

Abraham circuncidó a Isaac al octavo día, tal como Dios lo había ordenado. La familia se regocijó con el milagro del nacimiento de Isaac, el hijo a través del cual continuaría el pacto. Mediante Isaac, la promesa de una gran nación comenzó a echar raíces en la tierra de Canaán.

Principales acontecimientos de la larga espera que conducen a la plenitud de Dios.

Antes de que Isaac creciera, Dios puso a prueba la fe de Abraham ordenándole que lo ofreciera en holocausto en el monte Moriah. Abraham se preparó para obedecer sin dudarlo. Justo cuando alzaba el cuchillo para sacrificar a su hijo, un ángel del Señor lo llamó desde el cielo, diciéndole que no le hiciera daño al niño. Dios proveyó un carnero en lugar de Isaac.

Dios reafirmó su promesa, diciendo que, por haber obedecido Abraham, lo bendeciría y multiplicaría su descendencia. La larga espera de Abraham, una historia de promesas divinas cumplidas, quedó sellada por esta prueba definitiva de fe y la providencia divina.

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