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La enfermedad de Ezequías y la visita del profeta
El rey Ezequías de Judá estaba gravemente enfermo, y la palabra del Señor llegó al profeta Isaías. Isaías fue a verlo y le dijo: “Esto dice el Señor: Pon tu casa en orden, porque vas a morir y no te recuperarás”. Ezequías volvió su rostro hacia la pared y oró fervientemente al Señor. Lloró amargamente mientras imploraba la misericordia de Dios.
La respuesta del Señor a la oración de Ezequías
Tras la oración de Ezequías, la palabra del Señor volvió a Isaías. Isaías regresó con Ezequías y le dijo: “Esto dice el Señor, el Dios de tu antepasado David: He oído tu oración y he visto tus lágrimas. Añadiré quince años a tu vida. Te libraré a ti y a esta ciudad de la mano del rey de Asiria, y la defenderé”. Estas palabras infundieron esperanza a Ezequías y a los habitantes de Jerusalén.
La promesa de sanación de Dios y la señal
Para confirmar la promesa, Isaías le pidió a Ezequías que eligiera una señal del Señor: que la sombra avanzara diez pasos o que retrocediera diez. Ezequías eligió que la sombra retrocediera diez pasos. Entonces el Señor hizo que la sombra retrocediera diez pasos en la escalera de Acaz como señal de que Ezequías sanaría y viviría quince años más. La promesa de sanación quedó sellada con este milagro, lo que le dio a Ezequías confianza en el poder y la misericordia de Dios.
La recuperación de Ezequías y el reconocimiento de la intervención divina.
Tras la profecía y la señal dada por Isaías, Ezequías se recuperó de su enfermedad. Recuperó la salud y desapareció la amenaza de muerte inminente. Durante este tiempo, otros reyes le enviaron cartas y regalos, reconociendo que el Señor lo había sanado y que se había convertido en un símbolo del favor divino. El relato de la oración de Ezequías y la promesa de sanación documenta este camino de la muerte a la vida, mostrando la intervención directa del Señor en respuesta a una oración sincera.